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La magia de la Navidad y el origen de sus sabores en México

Cuando analizamos la Cena de Navidad en México, llegamos a la conclusión de que se trata del fruto de la mezcla de culturas y diversidad geográfica. Cada familia en el país festeja de manera distinta de acuerdo al estado en el que se encuentre, por lo que concluimos que en México no solamente hay una cena tradicional, sino muchas y muy variadas. Lo que se prepara en estas fechas es el resultado de una fusión de lo indígena con la interculturalidad de otros sabores del mundo.

Pero jamás podremos dejar de lado los “Clásicos Navideños”, esos que probamos una y otra vez en los múltiples recalentados con los seres queridos, y algunas veces es tan vasto y variado que inclusive se vuelven a servir en la cena de Año Nuevo.

Pavo

No existe navidad sin que tengamos en el centro de nuestra mesa un pavo recién horneado por mamá. El guajolote (huexólotl) o cócono es una variedad de ave originaria de México prehispánico, originalmente utilizado en las festividades religiosas del dios guerrero  Huitzilopochtli. Con la llegada de los jesuitas a nuestras tierras hicieron popular su consumo al llevarlo a sus colegios, donde por su economía y facilidad de crianza, lo utilizaron para sustituir a la gallina y el pato en algunos de sus guisos. Sin embargo, México no era el único lugar de América donde el guajolote habitaba, los bosques de Canadá también eran su morada, y el ave alimentó a los colonos ingleses del “Mayflower” al llegar a lo que sería los Estados Unidos, quienes le llamaron “Turkey” pos la similitud con las gallinas de Guinea introducidas por los turcos en tierras europeas.

Realmente no hay un origen claro entre los historiadores de la razón por la que se adoptó la costumbre de prepararlo en Navidad, pero todos están de acuerdo en que posiblemente sea por el hecho de ser un ave de carne blanca ya que el día 24 se consideraba vigilia; pero sea cual sea su origen, nosotros aun continuamos disfrutándolo en la mesa como un auténtico manjar navideño.

Romeritos

Esta delicia que no puede faltar en nuestra mesa en Navidad o Cuaresma, tiene orígenes prehispánicos. Esta variedad de quelite para los aztecas era una maravilla culinaria por su alto valor nutritivo y la facilidad para conseguirlo al deshierbar la milpa que crecía en las áreas cenagosas de las chinampas.

A pesar de su excelente sabor en la época colonial su consumo disminuyó debido a que los europeos no llegaron a apreciarlo mucho. Esta idea cambió cuando en el convento de la Soledad en Puebla, las monjas carmelitas, que estaban pasando una situación económica complicada buscaron todo lo que podían aprovechar de su entorno, descubriendo su maravilloso sabor nuevamente. Mezclaron los romeritos con mole, papas y nopales y le llamaron “revoltijo”, refiriéndose a la mezcla que hicieron con lo que tenían a la mano. Con el paso de los años, la gente se fue dando cuenta de que era un platillo que se adapta perfectamente para la cuaresma y la incorporación de tortitas de camarón enriqueció aún más al platillo. En Navidad ocurrió lo mismo debido a que el día 24 era considerado como día de vigilia.

Bacalao

El bacalao, un plato muy popular en la época del virreinato, además de que se adecuaba a los hábitos alimenticios de los europeos, se fue mezclando con ingredientes tan mexicanos como los chiles güeros y nuestros tomates. Su difusión en nuestras tierras se debe a los colonos españoles y portugueses. El proceso de salado del bacalao fue desarrollado desde el siglo IX por el pueblo vikingo para poder conservarlo durante viajes largos, por lo que éste se consume típicamente en los meses de frío y por ello es parte indispensable de las nuestras mesas en temporada invernal en México.

Pierna al horno

A pesar de su época estimada de origen, 1200 A.C., las delicias del cerdo fueron incorporadas dentro de las civilizaciones gracias a los fenicios. Hoy, la pierna al horno es un platillo que no puede faltar en las mesas navideñas gracias al contacto cultural entre europeos y americanos.

Para los mexicanos es común ver en nuestras cenas navideñas este tipo de recetas mucho más elaboradas, ya que se suele tener bastantes invitados, ya sean familiares o amigos y la pierna de cerdo al horno es una opción perfecta ya que aparte de deliciosa, es bastante rendidora.

Tamales

Indiscutiblemente cuando se trata de hablar del rey de los platillos no sólo en Navidad, sino en cualquier época del año, son los muy mexicanos tamales (del náhuatl “tamalli”: envuelto). De diferente preparación e ingredientes dependiendo de la región de México que se encuentre, el tamal sigue teniendo el mismo origen común en todos los casos. Los tamales se han convertido en un clásico en nuestras cenas navideñas y en el que cada mexicano esperamos disfrutar con familia y amigos.

Ponche

Por último, no hay fiesta navideña o posada sin que falte el ya famoso ponche, pero a pesar de lo que creemos, éste no tiene su origen en México, sino en la India cuyo nombre es “Pañc” se traduce al español como “cinco”. Eso hace referencia a sus cinco ingredientes originales, los cuales eran alcohol, azúcar, agua, limón y té o distintas especias. Receta que fue llevada a Europa por las compañías mercantes y de ahí llegó con los españoles a nuestras tierras. Esta preparación se adaptó a los productos disponibles como caña de azúcar, ciruela, canela, piloncillo, tejocote y guayaba. Se sirve generalmente caliente en jarritas de barro y se le agregue el ya típico “piquete” para delicia de todos y para ¡entrar en calor!

Como vemos las verdaderas tradiciones mexicanas navideñas se encuentran en nuestra gastronomía. Llega diciembre y sus posadas para dar paso a las festividades de Nochebuena, y es que no hay posada o reunión, durante estas fiestas, que no se complementa tan bien con nuestras tradiciones como con los sabores, presentes desde hace mucho tiempo y que nos hacen recordar momentos felices en nuestro amado país, porque en definitiva: Navidad sabe a México.

¡Hasta la próxima y Felices Fiestas!